
Creí que estos días serían de incertidumbre, de angustia y de dolor. Y sin embargo, aunque algo de tristeza me embarga por momentos, son de calma.
Una extraña calma me invade, como si este tiempo estuviese destinado para mi, pese al trajín cotidiano me siento como si sentada a la orilla del río observase el agua correr perdiendo la noción del tiempo.
Parece que la distancia física o temporal nos hace ver la cosas de otra forma, comprendemos que es lo verdaderamente importante y dejamos de lado esa maraña cotidiana que no nos deja ver con claridad.
Hoy veo y siento con claridad, y sobre todo siento que mi mente y mi corazón se están despejando de toda la confusión que los controlaba.
Hoy siento que puedo ver más allá, hacia la línea del horizonte y puedo soñar con un nuevo amanecer.






