
Así se veía la luna anoche desde mi casa. La foto no es muy buena, mi máquina digital no sirve para fotos nocturas o yo no sé usarla, pero da una idea, había humedad y se reflejaba en las partículas de agua en el aire.
Siempre me he sentido atada al cielo nocturno, la luna, las estrellas, han estado ahí desde que tengo memoria.
Algunos de mis recuerdos más antiguos están ligados a ella y al cielo estrellado; la primera vez que identifiqué una constelación, las historias de mi padre, mis lecturas de cuentos de piratas ...
Cada vez que miro al cielo todo eso se une y crea una experiencia díficil de describir, donde lo principal es la sensación de sentirme observada por esas lucecitas tan distantes, sentir que comparada con ellas soy un nanosegundo o menos en el tiempo del universo, que soy menos que un grano de polvo dentro de toda esa inmensidad. Me siento pequeña y al mismo tiempo importante porque mis ojos pueden apreciar esa belleza y mi mente captar esa inmensidad que en realidad no puedo ni imaginar.
Cada vez que miro al cielo todo eso se une y crea una experiencia díficil de describir, donde lo principal es la sensación de sentirme observada por esas lucecitas tan distantes, sentir que comparada con ellas soy un nanosegundo o menos en el tiempo del universo, que soy menos que un grano de polvo dentro de toda esa inmensidad. Me siento pequeña y al mismo tiempo importante porque mis ojos pueden apreciar esa belleza y mi mente captar esa inmensidad que en realidad no puedo ni imaginar.
Siempre que miro al cielo de noche, con todas las estrellas ahi, la gran columna que es la vía láctea y el resto de las constelaciones, algo se mueve en mi interior, a veces como anoche termino llorando sin saber bien porque, pero consciente de que es porque algo se conectó con lo más profundo de mi para mostrarme el camino, para hacerme consciente de quien soy, para no dejarme olvidar esa parte de mi que es la más auténtica y a la que debo aferrarme más que nunca.





